La
Media Maratón de Buenos Aires es la carrera en la que más veces he
participado.
Dado mi constante interés en el Ironman, lejos estuve
de haber entrenado específicamente para ella. Sin embargo, siempre
he tratado de que, una vez que me paro en la línea de largada, pueda
desplegar mi mejor rendimiento.
Los
primeros años las mejorías suelen ser frecuentes y notables. Luego,
viene aquel período en el que no todo es progreso y el rendimiento
se estanca, o bien se combina, naturalmente, con altibajos. Uno debe
aprender a procesar esas experiencias: más allá del esfuerzo, no
todos los días serán el mejor día.
El
paso de los años en un mismo deporte hacen imprescindible refundar
el componente motivacional. Siempre se da el máximo; por lo tanto,
siempre está la posibilidad de que se alcance un rendimiento
superlativo. No obstante, creo yo, la clave está en entender que
nuestra propia historia no se entreteje únicamente sobre ascensos,
sino sobre nuestro afianzamiento en un rango de rendimiento.
El
primer domingo de septiembre de 2014, con Catedral de fondo, fue uno
más de esos días.
La
marca no es más que una serie de números en una sucesión histórica
que aporta mucho más que un éxito o un fracaso. Sería
reduccionista pensarlo así; pues no estaríamos poniendo
efectivamente las cosas en perspectiva.
Veremos
qué pasa en los próximos años. Sólo el futuro sabe qué
registros arrojará nuestro esfuerzo.
1)
2000. 1 h. 26 min. 39 seg.
2)
2002. 1 h. 25 min. 51 seg.
3)
2004. 1 h. 22 min. 36 seg.
4)
2005. 1 h. 20 min. 37 seg.
5)
2006. 1 h. 23 min. 51 seg.
6)
2007. 1 h. 23 min. 09 seg.
7)
2008. 1 h. 21 min. 29 seg.
2009. Se corre el mismo día que los
42 km (2 hs 57m)
42 km (2 hs 57m)
8)
2010. 1 h. 21 min. 21 seg.
9)
2011. 1 h. 19 min. 31 seg.
10)
2012. 1 h. 19 min 17 seg.
11) 2013.
1 h. 20 min 47 seg.
12) 2014:
1 h. 22 min 59 seg.

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